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1. La
Suegra de Simón (Mc 1,29-32)
2. Jesús sana a un leproso (Mc
1,40-45)
3. El paralítico (Mc 2,1-12)
4. El Tullido (Mc 3,1-6)
5. La hija de Jairo y la hemorroísa
(Mc 5,21-43)
6. El sordomudo (Mc 7, 31-37)
7. El ciego (Mc 8, 22-26)
8. Muchos enfermos (Mt 15,
29-31)
9. El criado del capitán romano (Mt
8,5-13)
10. Los dos ciegos (Mt 9,
27-31)
11. Ciego y mudo (Mt
12,22-23)
12. Dos ciegos de Jericó (Mt
20, 29-34)
13. La jorobada (Lc
13,10-13)
14. El hidrópico (Lc 14,
1-6)
15. Los diez leprosos (Lc
17, 11-19)
16. Malco (Lc 22, 50-51)
17. El hijo del oficial real. (Jn
4,46-54)
18. El Paralítico de Betzeta. (Jn
5,1-9)
19. El ciego de nacimiento (Jn
9,1-7)
20. Resurrección de Lázaro (Jn
11,38-44)
**. CONCLUSIÓN
1. La
Suegra de Simón (Mc 1,29-32).
"Y saliendo
luego de la Sinagoga entraron en la casa de Simón y de
Andrés con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba
en cama con fiebre e inmediatamente se lo dijeron (a Jesús).
Y llegándose a ella, tomándola de la mano la levantó
y de pronto la dejó la fiebre y se puso a
servirles"
Comenzamos estos comentarios a las curaciones de
enfermedades que Jesús hace, por el Evangelio de San
Marcos. La primera curación de una enfermedad que
encontramos es la curación de la fiebre que padecía la
suegra de San Pedro. Comienza el Señor en lo íntimo
del hogar; la esposa de Pedro debió quedar muy
agradecida. En la Capilla sixtina, en la pintura de la
creación, del contacto del dedo de Dios con el dedo del
hombre brota la expresión de la vida para toda la
humanidad; aquí, en San Marcos, en la intimidad de la
familia, del contacto de la mano de Cristo con la mano
de la enferma brota la curación y la salud, el afecto y
el reconocimiento agradecido, como preludio de la misma
resurrección del Señor; Pedro se lo ha de haber
contado así a Marcos: ella se pone a servir, y es que
el agradecimiento de quien ha sido salvado por Cristo no
puede sino traducirse en servicio al Señor Jesús.
2. Jesús
sana a un leproso (Mc 1,40-45)
"Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús y
poniéndose de rodillas le dijo: - Si quieres, puedes
limpiarme de mi enfermedad. Jesús tuvo compasión de él;
lo tocó con la mano y dijo: - Quiero, !queda limpio! Al
momento se le quitó la lepra al enfermo, y quedó
limpio. Jesús lo despidió en seguida y le recomendó
mucho: - Mira, no se lo digas a nadie; solamente ve y
preséntate al sacerdote, y lleva, por tu purificación,
la ofrenda que ordenó Moisés, para que todos sepan que
ya estás limpio de tu enfermedad. Pero el hombre se fue
y comenzó a contar a todos lo que había pasado. Por
eso Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún
pueblo, sino que se quedaba fuera en lugares donde no
había gente; pero de todas partes acudían a
verlo".
Decimos que querer es poder, pero tantas veces nos
equivocamos. Sólo en Jesús de veras querer es poder.
Además de la enfermedad física el Señor cura la
marginación social y da una nueva convivencia a este
hombre que se encontraba separado del pueblo. Sus
milagros son algo público y con resonancias en la vida
social. Y es un nuevo consenso el que genera, ya que no
podía entrar en ningún pueblo, pues su fama le
aventajaba. El nos ha curado también a nosotros. El
anuncio de nuestra curación al mundo, ha generado este
consenso entre la gente de manera que todos se arrojen a
los pies del Señor como el único que salva? Se habla
de la salud de la tierra y que junto con su enfermedad
va aparejada también la enfermedad de todos nosotros.
El único que puede curar a la tierra en su ecosistema
es Jesucristo, pues es el único que puede hacer que los
hombres dejemos de destruir nuestro planeta, ya sea
mediante la devastación de recursos naturales, ya sea
mediante la polución por residuos radioactivos y
similares de parte de las grandes potencias. Esta nueva
lepra es El el único que la puede curar desde el gran
precepto de querernos de veras unos a otros.
3. El
paralítico (Mc 2,1-12)
Algunos días después Jesús volvió a entrar en
Cafarnaum. En cuanto se supo que estaba en casa, se juntó
tanta gente que ni siquiera cabían frente a la puerta;
y él les anunciaba el Mensaje. Entonces entre cuatro le
llevaron un paralítico. Pero como había mucha gente y
no podían llegar hasta Jesús, quitaron parte del techo
encima de donde él estaba, y por la abertura bajaron en
una camilla al enfermo. Cuando Jesús vio la fe que tenían
le dijo al enfermo: - Hijo mío, tus pecados quedan
perdonados. Algunos maestros de la ley que estaban allí
sentados, pensaron: "¿ Cómo se atreve éste a
hablar así? Sus palabras son una blasfemia contra Dios.
Sólo Dios puede perdonar los pecados."¿Pero Jesús
en seguida se dio cuenta de lo que estaban pensando, y
les preguntó: - Que es más fácil decirle al paralítico:
"Tus pecados quedan perdonados", o decirle
"levántate, toma tu camilla y anda? "Pues voy
a demostrarles que el Hijo del hombre tiene autoridad en
la tierra para perdonar pecados. Entonces le dijo al
paralítico: - A ti te digo, levántate, toma tu camilla
y vete a tu casa. El enfermo se levantó en el acto, y
tomando su camilla salió de allí a la vista de todos.
Por eso, todos se admiraron y alabaron a Dios diciendo:
- Nunca hemos visto una cosa así.
En la Organización Mundial de la Salud, la salud
se define como un estado de bienestar físico, mental y
social. La ligazón con el bienestar físico del mental
y del social son del todo necesarios. Cristo lo sabe
perfectamente: entre el perdón de los pecados y que se
levante el paralítico hay un nexo profundo. Los males,
las enfermedades, los dolores afectan al hombre en toda
su profundidad, más aun, la fuente de todos los males
está en ese desarreglo total de la persona que se llama
pecado. Es una verdad que pareciera ajena al pensamiento
actual, aunque como lo estamos viendo ahora es
recurrente. Existe una ligazón entre el pecado y el mal
físico, no necesariamente en este individuo humano
concreto, sino en el total solidario de la humanidad. En
esto consiste la Redención que Cristo viene a traer, en
quitar en totalidad el mal del mundo. Este es el sentido
de la resurrección, es el levantarse el paralítico de
su camilla e irse a vivir en su verdadera casa que está
por construirse en su futuro absoluto.
4. El
Tullido (Mc 3,1-6)
Jesús entró otra vez en una sinagoga; y había en
ella un hombre que tenía una mano tullida. Y espiaban a
Jesús para ver si lo sanaría en el día de reposo, y
así tener de qué acusarlo. Jesús le dijo entonces al
hombre que tenía la mano tullida: - Levántate y ponte
ahí en medio. Luego preguntó a los otros: - ¿Qué está
permitido hacer en el día de reposo: el bien o el mal?
¿Salva r una vida o destruirla?. Pero ellos se quedaron
callados. Jesús miró entonces con enojo a los que le
rodeaban, y entristecido porque no querían entender le
dijo a aquel hombre: - Extiende la mano. El hombre la
extendió, y su mano quedó sana. Pero en cuanto los
fariseos salieron, comenzaron ha hacer planes con los
del partido de Herodes para matar a Jesús.
El tiempo libre es muy importante en la sociedad actual,
pero su importancia radica en que sea libre para
encontrarse con Dios y con los demás, lo importante es
que sea tiempo sagrado y por tanto, libre
verdaderamente. Con frecuencia estamos tullidos por
convenciones que la cultura actual del consumismo nos ha
introyectado y debemos tener ya la libertad de extender
la mano y ser humanos: encontrarnos con Dios y con los
hermanos. Esto significa el día de fiesta, el día en
que si bien no trabajamos, no perdemos el tiempo, sino
que tenemos la capacidad de construirnos en la libertad
abriéndonos en especial al horizonte infinito de Dios,
pisando en lo concreto de la tierra de las necesidades
de nuestros hermanos. Debemos recuperar el sentido
profundo de la sacralidad del tiempo.
5. La
hija de Jairo y la hemorroísa (Mc 5,21-43)
Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del
lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la
orilla. En esto llegó uno de los jefes de la sinagoga,
llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies y
le rogó mucho diciéndole: - Mi hija se está muriendo;
ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva.
Jesús fue con él y mucha gente lo acompañaba apretujándose
a su alrededor. Entre la multitud había una mujer que
desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de
sangre. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos
, y había gastado todo lo que tenía, sin que le
hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en
peor. Cuando oyó hablar de Jesús, esta mujer se le
acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa.
Porque pensaba: "Tan sólo con que llegue a tocar
su capa, quedaré s ana". Al momento, el derrame de
sangre se detuvo, y sintió en el cuerpo que ya estaba
curada de su enfermedad. Jesús, dándose cuenta de que
había salido poder de él, se volvió a mirar a la
gente, y preguntó: -¿Quién me ha tocado la capa? Sus
discípulos le dijeron: - Ves que la gente te oprime por
todos lados, y preguntas ¿Quién me ha tocado?"
Pero Jesús seguía mirando a su alrededor, para ver quién
lo hab&i;acute;a tocado. Entonces la mujer,
temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado,
fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la
verdad. Jesús le dijo - Hija, por tu fe has sido
sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de
la casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la
niña - Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al
Maestro? Pero Jesús s in hacer caso de ellos, le dijo
al jefe de la sinagoga: - No tengas miedo; cree
solamente. Y no dejó que le acompañaran más que
Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al
llegar a la casa del jefe de la sinagoga y ver el
alboroto y la gente que lloraba y gritaba, entró y les
dijo: - ¿Por qué hacen tanto ruido y lloran de esa
manera? La niña no está muerta, sino dormida. La gente
se rió de Jesús, pero él los hizo salir a todo s, y
tomando al padre, a la madre y a los que le acompañaban,
entró a donde estaba la niña. La tomó de la mando y
le dijo: - Talita cum (que significa: "Muchacha, a
te digo, levántate.") Al momento, la muchacha, que
tenía doce años, se levantó y echó a andar. Y la
gente se quedó muy admirada. Pero Jesús ordenó
severamente que no se lo contaran a nadie, y luego mandó
que dieran de comer a la niña.
La enfermedad, tanto de esta niña como la de la hemorroísa,
tiende a la muerte, y la muerte se impone con toda su
terrible realidad. San Marcos nos ha hecho palpar esta
plasticidad; sus relatos tan vívidos nos ayudan a casi
estar allí presentes y participar de los
acontecimientos. Y nos ayudan a escuchar a Jesucristo
que lo que nos pide es la fe. Porque sin la fe no
podemos entender estos milagros, ya que nos llevan no sólo
a constatar que ha acaecido una curación de la hemorroísa
y una resurrección de la hija de Jairo, sino que nos
debemos poner frente a la opción por la fe de llegar a
nuestra propia curación y a nuestra propia resurrección.
Más aún, San Marcos en estos milagros curativos, nos
sitúa frente a la practicidad de la propia resurrección
de Cristo nuestro Señor, no como algo lejano que domina
un hecho nebuloso de la historia, sino como la razón de
ser de toda nuestra existencia. Cristo ha resucitado,
por eso resucita y cura, y por eso nos cura y nos
resucitará. Este doble milagro no nos puede dejar como
simples espectadores, sino que está hecho para
envolvernos en su dinámica y precipitarnos en la más
profunda fe en Cristo el resucitado que es tal porque
nos resucita. Esta es la perspectiva para poder entender
los milagros de las curaciones. Es la presencia de la
palabra de la VIDA frente a la desolación de la MUERTE,
y la victoria de la PALABRA , Cristo, sobre nuestra
propia mudez, la muerte. Es la actualidad de la novedad
gozosa del anuncio clave de todo el Evangelio, hemos
resucitado en Cristo resucitado.
6. El
sordomudo (Mc 7, 31-37)
Jesús volvió a salir de la región de Tiro y,
pasando por Sidón y los pueblos de la región de Decápolis,
llegó al lago de Galilea. Allí le llevaron un sordo y
tartamudo, y le pidieron que pusiera su mano sobre él.
Jesús se lo llevó a un lado, aparte de la gente, le
metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó la
lengua. Luego, mirando al cielo suspiró y dijo al
hombre: "Efetá!" (es decir "
Abrete!") Al momento, los oídos del sordo se
abrieron, y su lengua quedó sana y pudo hablar bien.
Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie; pero
cuanto más se lo mandaba, tanto más lo contaban.
Llenos de admiración, decían: "Todo lo hace bien.
Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos
hablen!".
Jesús se acomoda al lenguaje del sordomudo para hacerse
comprender de él. Le toca los oídos y la lengua,
mediante el sentido del tacto le da a entender qué
maravilla va a obrar. La comunidad primitiva quedó tan
impresionada de este milagro que le dió luego todo su
significado profundo de manera que la acción de Cristo
la incorporó al rito del Bautismo, en donde el ministro
toca los oídos del bautizando y su boca, para
significar que oirá la Palabra de Dios y podrá
pronunciar su alabanza. En este sordomudo la Iglesia ha
visto desde su comentario litúrgico, a la humanidad que
es sorda a Dios y que no puede pronunciar su alabanza.
Es la realidad que ahora estamos viviendo con el
Secularismo. Una humanidad sorda al mensaje evangélico,
no lo oye, no le significa nada. Se necesita que Dios
haga presente su fuerza liberadora desde el Bautismo
para que la humanidad de nuevo escuche las maravillas
que El Señor tiene res ervadas para todos; y se
necesita también que se le suelte la lengua para que
pueda dar testimonio de ello.
7. El ciego (Mc 8, 22-26)
Después llegaron a Betsaida y llevaron un ciego a
Jesús, rogándole que lo tocara. Jesús tomó de la
mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los
ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó
si podía ver algo. El ciego comenzó a ver, y dijo: -
Veo a los hombres. Me parecen como árboles que andan.
Jesús le puso otra ves las manos sobre los ojos, y el
hombre miró con atención y qued&o;acute; sano. Ya
todo lo veía claramente. Entonces Jesús lo mandó a su
casa, y le dijo: - No vuelvas al pueblo.
Otro de los milagros de curación en los que Cristo
Nuestro Señor emplea acciones sensibles al alcance de
quien va a ser curado. La gradualidad puede ser la
gradualidad en la fe; entre más va creyendo, más va
realizándose el milagro en él. Y en cuanto a la
sensibilidad, nos recuerda lo que llamamos religiosidad
popular en la que vemos signos, tocamos, oímos,
palpamos. Es toda la persona la que es requerida por la
fe y es toda la persona la que se empe&nti;lde;a en
ella. No creemos sólo de una manera intelectual sino
con toda la personalidad física, psíquica, mental y
social. Dios, el invisible,se ha hecho visible en
Cristo, y esta visibilidad se palpa también en los
milagros que Cristo hace para dar la salud y que San
Marcos narra con tanta vivacidad.
8.
Muchos enfermos (Mt 15, 29-31)
"Jesús salió de allí y llegó a la orilla
del lago de Galilea; luego subió a un monte y se sentó.
Mucha gente se reunió donde él estaba. Llevaban cojos,
ciegos, mancos, mudos y otros muchos enfermos, que
pusieron a los pies de Jesús y él los sanó. De modo
que la gente estaba admirada al ver que los mudos
hablaban, los mancos quedaban sanos, los cojos andaban y
los ciegos podían ver. Y comenzaron a alabar al Dios de
Israel."
Se trata de una revelación de Jesucristo como el
Mesías a los pueblos paganos. Este es el sentido de
"subir al monte ".En el lenguaje
bíblico, es en el monte donde se palpa la revelación y
la presencia de Dios. La acción del Mesías es la de
liberarnos del pecado y sus consecuencias como son las
enfermedades, por eso es que la época mesiánica se
inaugura con curaciones de toda clase y culmina en la
resurrección. No es que tal o cual enfermedad se deba
en esta o en aquella persona a tal o cual pecado
cometido, sino que en general, las enfermedades se deban
a la situación de pecado en la que se encuentra la
humanidad desde el pecado del primer hombre. Ahora
estamos ya liberados en Cristo. Si ahora todavía
subsisten las enfermedades, éstas tienen ya otra
connotación. Son fuerzas positivas que se juntan en la
cruz de Cristo para producir la resurrección. Su
presencia nos incita a luchar por hacerlas desaparecer y
llegar así a la salud que Cristo nos brinda. La muerte
incluso desaparecerá gracias a la resurrección de
Cristo.
9. El criado del capitán romano (Mt
8,5-13)
"Al entrar Jesús en Cafarnaum, un capitán romano
se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo: - Señor,
mi criado está en casa enfermo, paralizado y sufriendo
terribles dolores. Jesús le respondió: - Iré a
sanarlo. El capitán contestó: - Señor, yo no merezco
que entres en mi casa; solamente da la orden y mi criado
quedará sano. Porque yo mismo estoy bajo órdenes
superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando.
Cuando le digo a uno de ellos que vaya. Va; cuando le
digo a otro que venga, viene; y cuando mando a mi criado
que haga algo, lo hace. Jesús se quedó admirado al oír
esto, y dijo a los que le seguían: - Les aseguro que no
he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este
hombre. Y les digo que muchos vendrán de oriente y de
occidente y se sentarán a comer con Abraham, Isaac y
Jacob en el reino de Dios, pero los que deberían estar
en el reino, serán echados a la oscuridad de afuera,
donde llorarán y les rechinarán los dientes. Luego Jesús
dijo al capitán: - Vete a tu casa, y que se haga tal y
como has creído. En ese mismo momento el criado quedó
sano".
En el mundo en el que nos ha tocado vivir, nos
regimos por lo que vemos. Cuando se trata de la salud
buscamos las medicinas y a los médicos, y de acuerdo a
las aptitudes probadas por tal o cual medicamento
esperamos o no la salud. Aquí se trata de algo
totalmente distinto. Se trata de dar el paso hacia la
confianza absoluta. Jesucristo es el dueño de la vida y
procede con ella como un militar con sus subordinados en
el sentido de mandarla venir o bien irse. Es lo mismo
que decir que Jesucristo es Dios. Pues sólo Dios es el
dueño de la vida. Este capitán cree y su criado se
cura. Y este capitán entra al reino de Dios. Esta es la
fe necesaria para entrar al reino.
10. Los
dos ciegos (Mt 9, 27-31)
"Al salir Jesús de allí, dos ciegos lo
siguieron gritando:- !Ten compasión de nosotros, Hijo
de David! Cuando Jesús entró en la casa, los ciegos se
le acercaron y él les preguntó: Creen ustedes que
puedo hacer esto? - Sí, Señor - Le contestaron.
Entonces Jesús les tocó los ojos, y les dijo: - Que se
haga conforme a la fe que ustedes tienen. Y recobraron
la vista. Jesús les advirtió mucho: - Procuren que no
lo sepa nadie. Pero, apenas salieron, contaron por toda
aquella región lo que Jesús había hecho".
Al llamar estos ciegos a Jesús, hijo de David,
confiesan que es el Mesías. En contraste con sus
enemigos que no lo querían aceptar. Esto es, los ciegos
ven antes de ser curados. El que los ciegos iban a ver
era uno de los signos claros de que la época del Mesías
había llegado. Ahora sólo se desarrollan las
consecuencias: los ciegos creen en el Mesías y los
ciegos son curados de su ceguera. Y en paradoja, los
enemigos de Cristo que tenían los ojos sanos, no ven;
en cambio, los ciegos, sí ven. Se impone una pregunta:
Vemos a Cristo en la cultura de nuestros días?, o
estamos ciegos, esto es, estamos sin fe. Con la fe todo
cambia, la cultura actual transparentará a Cristo y lo
encontraremos por dondequiera como nuestro Salvador.
11.
Ciego y mudo (Mt 12,22-23)
"Llevaron a Jesús un hombre ciego y mudo, que
estaba endemoniado, y Jesús le devolvió la vista y el
habla. Todos se preguntaban admirados: Será éste el
Hijo de David?
El mundo de tinieblas encierra en el silencio. El
que ve, habla. Da testimonio. Jesús hace ver y hablar,
porque sus maravillas no pueden quedarse calladas, sino
que prorrumpen en la alabanza del testimonio. Quien ha
visto a Jesús en este mundo de la fe tiene la gran
obligación de testificar en el mundo actual. Hay tantas
veces cobardías disfrazadas de vergüenza y por las que
no se atreve el creyente a dar testimonio. No se trata
solamente de hablar, sino de hacer que la vida sea una
palabra completa de fidelidad a lo que se es. Es hacer
la cultura actual transparente de Cristo a través de
todos los que creemos en El.
12. Dos
ciegos de Jericó (Mt 20, 29-34)
"Al salir ellos de Jericó, mucha gente siguió
a Jesús. Dos ciegos que estaban sentados junto al
camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron: - Señor,
Hijo de David, ten compasión de nosotros! La gente los
reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más
todavía: - Señor, Hijo de David, ten compasión de
nosotros! Entonces Jesús se detuvo, llamó a los ciegos
y les preguntó: - Qué quieren que haga por ustedes?
Ellos le contestaron: - Señor, que recobremos la vista.
Jesús tuvo compasión de ellos, y les tocó los ojos.
En el mismo momento los ciegos recobraron la vista y
siguieron a Jesús."
En la petición de estos dos ciegos se resume
todo el misterio de Dios en Jesús: "Hijo de
David", esto es, Mesías; "Ten compasión",
padece nuestras propias enfermedades y sufrimientos.
Suplican a Dios que en Cristo se ha hecho Dios con
nosotros. La gente se los impide: tantas veces que en la
cultura actual se piensa que recurrir a Dios es algo
deleznable, propio de gente débil, digno de reprensión
pues es perder un tiempo productivo, etc.. Reconocen a
Jesús como el Mesías: el único que puede dar la
solución a su ceguera. La única solución a la ceguera
del "pluralismo" mal entendido, es Cristo. Es
la única vía de salida. Y la solución no viene desde
una dignación "superior" sin comprometerse;
sino en el máximo compromiso: Cristo llega a las
tinieblas de la muerte para dar la luz de su resurrección.
13. La
jorobada (Lc 13,10-13)
"Una vez, en el día de reposo, Jesús se había
puesto a enseñar en una sinagoga; y había allí una
mujer que estaba enferma desde hacía 18 años. Un espíritu
maligno la había dejado jorobada, y no podía
enderezarse para nada. Cuando Jesús la vio, la llamó y
le dijo: -Mujer, ya estás libre de tu enfermedad.
Entonces puso las manos sobre ella, y al momento la
mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios".
Se trata de un milagro muy conectado con la
disputa sobre la observancia del sábado. Nosotros nos
centraremos en el milagro en sí mismo: encontramos por
un lado la acción de la mujer; sólo se dice que
"había allí", allí estaba; no se dice ni
que pida ni que haya ido con el fin de ser sanada;
simplemente que allí estaba. Basta la presencia ante el
Señor para alcanzar la curación. Por otro lado nos
encontramos con la acción de Cristo que se describe con
cuatro verbos: vio, llamó, dijo, impuso. El se hace
consciente del problema, llama a la mujer, lo
personaliza; y ahora actúa con su palabra omnipotente:
"dijo y todo fue hecho..." ; y le impuso las
manos como el signo de poder sobre la vida y la muerte,
sobre la enfermedad y el sufrimiento.
14. El
hidrópico (Lc 14, 1-6)
"Sucedió en un día de reposo, que Jesús
fue a comer a casa de un jefe fariseo, y otros fariseos
lo estaban espiando. También estaba allí, delante de
él, un hombre enfermo de hidropesía. Jesús les
preguntó a los maestros de la ley y a los fariseos: -
Se permite sanar a un enfermo en el día de reposo, o
no? Pero ellos se quedaron callados. Entonces él tomó
al enfermo, lo sanó y le dijo que se fuera. Y a los
fariseos les dijo: - Quién de ustedes, si su hijo o su
buey se cae a un pozo, no lo saca en seguida, aunque sea
día de reposo? Y no pudieron contestarle nada."
Según cierta concepción farisaica, la salvación
tendría que venir por una rigurosa observancia de la
ley mosaica tal como la interpretaban los escribas y
fariseos. De acuerdo a estas prescripciones, como el sábado
era día de reposo, no se podía trabajar y curar a
alguien era hacer un trabajo, por tanto prohibido. Jesús
nos enseña con este milagro lo equivocado que estaban.
El Reino nuevo no es observancia irracional de leyes
antiguas, sino curación y perdón. Donde hay ayuda,
amor, allí está el Reino de Dios. Esto no quiere decir
que las leyes sean malas, sino que deben de tener como
contenido las formas más adecuadas de servir a Dios y a
los demás.
15. Los
diez leprosos (Lc 17, 11-19)
"En su camino a Jerusalén, pasó Jesús
entre las regiones de Samaria y Galilea. Y llegó a una
aldea, donde le salieron al encuentra diez hombres
enfermos de lepra, los cuales se quedaron lejos de él
gritando: - Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!
Cuando Jesús los vio, les dijo: - Vayan a presentarse a
los sacerdotes! Y mientras iban, quedaron limpios de su
enfermedad. Uno de ellos, al verse limpio, regresó
alabando a Dios a grandes voces, y se arrodilló delante
de Jesús inclinándose hasta el suelo para dale las
gracias. Este hombre era de Samaria. Jesús dijo: -
Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su
enfermedad? Dónde están los otros nueve? ?nicamente
este extranjero ha vuelto para alabar a Dios? Y le dijo
al hombre: - Levántate y vete, por tu fe has sido
sanado."
En este milagro el punto de partida es la súplica
que hacen los leprosos. Gritan y quedan a lo lejos,
porque les estaba prohibido acercarse. Están seguros de
que el Maestro los puede curar. Tienen la fe puesta en
El. Estaban marginados del pueblo de Israel, no tenían
a quien recurrir y entonces llenos de esperanza recurren
al nuevo Maestro en el que confían plenamente. Sin
embargo, ocurre algo que por desgracia es muy frecuente,
la ingratitud. Todos fueron curados, pero cuando ya lo
están, se olvidan de su estado anterior, ya están
bien, y entonces no les preocupa más el Maestro, con
excepción de aquel que, como samaritano, estaba fuera
del pueblo de Israel. Cristo lo hace notar, y lo haría
notar a tantos de nosotros que cuando estamos en
necesidad ocurrimos al Señor, pero una vez que ésta
pasa, no queremos saber más de Dios.
16.
Malco (Lc 22, 50-51)
"...Y uno de ellos hirió al criado del sumo
sacerdote, cortándole la oreja derecha. Jesús dijo: -
Déjenlos, ya basta. Y le tocó la oreja al criado, y lo
sanó."
Se trata del arresto de Jesús. Simón Pedro saca
la espada y le corta la oreja derecha a Malco, el criado
del sumo sacerdote. San Juan es quien nos da los
detalles (Jn 18,10-11). Lo que llama la atención en
este milagro de curación es su singularidad. Jesús no
exige en él la fe. Más aun, quien es beneficiario del
milagro no la tiene sino al contrario, viene a arrestar
a Jesús como si fuese un malhechor. Es un milagro de
plena misericordia, es el perdonar en tal forma a los
enemigos que incluso en el acto del mal que le están
causando, el arresto, no duda en curar al agredido por
Simón Pedro.
17. El
hijo del oficial real. (Jn 4,46-54)
"Jesús regresó a Caná de Galilea, donde había
convertido el agua en vino. Y había un alto oficial del
rey, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaum. Cuando el
oficial supo que Jesús había llegado de Judea a
Galilea fue a verlo y le rogó que fuera a su casa y
sanara a su hijo, que estaba a punto de morir. Jesús le
contestó: - Ustedes no creen, si no ven señales y
milagros. Pero el oficial le dijo: - Señor, ven pronto,
antes de que mi hijo se muera. Jesús le dijo entonces:
- Vuelve a casa, tu hijo vive. El hombre creyó lo que
Jesús le dijo, y se fue. Mientras regresaba a su casa,
sus criados salieron a su encuentro y le dijeron: - Su
hijo vive! El les preguntó a qué hora había comenzado
a sentirse mejor su hijo, y le contestaron: - Ayer a la
una de la tarde se le quitó la fiebre. El padre cayó
entonces en la cuenta de que era la misma hora en que
Jesús le dijo: "Tu hijo vive"; y él y toda
su familia creyeron en Jesús."
"El hombre creyó lo que Jesús le dijo".
En este milagro de curación lo que aparece como más
sobresaliente es la fe del oficial regio. El cree en la
palabra del Señor y la palabra despliega toda su
eficacia que es una eficacia de dar la vida. Nuestro Señor
reprende a aquellos que si no ven los signos palpables
no creen, este oficial no ve los signos, sino que
escucha sólo la palabra y de esta fe pura se elabora el
marco del milagro que Jesús realiza. Es la invitación
más fuerte para creer en la Palabra. Jesús es la
Palabra del Padre, creer en El es tener la vida. La
actualidad de este milagro significa que se dirige a
nosotros y exige nuestra fe de acuerdo a la cual normar
la vida concreta en un mundo en el que a veces los
signos de otro tipo se oscurecen.
18. El
Paralítico de Betzeta. (Jn 5,1-9)
"Algún tiempo después, los judíos celebraban una
fiesta y Jesús volvió a Jerusalén. En Jerusalén,
cerca de la puerta llamada de las Ovejas, hay un
estanque que en hebreo se llama Betzeta. Tiene cinco pórticos,
en los cuales se encontraban muchos enfermos, ciegos,
cojos y tullidos echados en el suelo. Había entre ellos
un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho
años. Cuando Jesús lo vio allí acostado y se enteró
del mucho tiempo que llevaba así, le preguntó:
-Quieres recobrar la salud? El enfermo le contestó: -Señor,
no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se
remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo
hace primero. Jesús le dijo: -Levántate, recoge tu
camilla y anda. En aquel momento el hombre recobró la
salud, recogió su camilla y comenzó a andar."
Para algunos intérpretes de la S. Escritura, los 38
años que llevaba este paralítico esperando ser curado
son todo un símbolo que recuerda los 38 años de
castigo que el pueblo de Israel duró en el desierto,
vagando para llegar a la tierra prometida. Serían a la
vez un gran símbolo de los años que nuestro mundo
lleva vagando por el desierto de la lejanía de Cristo,
antes de encontrarse con El y poder ser curado de su parálisis
para caminar hacia Dios. Hoy se encuentra nuestro mundo
postrado en su Secularismo y si quiere, a la vez se
encuentra con Cristo y puede levantarse y caminar; pero
la condición es "si quiere". Cristo ofrece la
posibilidad, la respuesta es de nosotros en nuestro
mundo.
19. El ciego de nacimiento (Jn
9,1-7)
"Al pasar por cierto lugar, Jesús vio a un hombre
que había nacido ciego. Sus discípulos le preguntaron:
-Maestro, por que nació ciego este hombre? Por el
pecado de sus padres o por su propio pecado? Jesús les
contestó: -Ni por su propio pecado ni por el de sus
padres; fue más bien para que en él se demuestre lo
que Dios puede hacer. Mientras es de día tenemos que
hacer el trabajo del que me envió; pues viene la noche,
cuando nadie puede trabajar, Mientras estoy en este
mundo, soy la luz del mundo. Después de haber dicho
esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un
poco de lodo y untó con él los ojos del ciego. Luego
le dijo: -Ve a lavarte al estanque de Siloé (que
significa "Enviado"). El ciego fue y se lavó,
y cuando regresó ya podía ver."
En este milagro Jesucristo aparece claramente como
la luz del mundo. Ver significa creer y también
significa el resultado de un juicio: los hombres de
dividen entre los que creen-ven y los que no creer-no
ven. Cristo es el centro. Aquellos que piensan ver no
ven y aquellos que están ciegos, ven. Sin Cristo, los
que piensan que ven están en tinieblas, y con Cristo,
los que se sienten ciegos en El encuentran la luz y ven.
El ciego de nacimiento en este milagro es un símbolo de
todos los hombres, estamos ciegos de nacimiento, sólo
por la acción de Cristo que nos ilumina podemos ver.
Este es el sentido del Bautismo con el cual Cristo nos
ilumina y nos saca del pecado de las tinieblas.
Tinieblas son los horizontes secularistas según los
cuales vive tantas veces nuestro mundo pensando en
cambio que tiene la plenitud de la orientación y de la
luz. La única luz que hace que todo tenga su dimensión
debida y se aprecie así es Cristo. Con El, toda la
cultura actual recibe su debida perspectiva y dimensión.
20. Resurrección de Lázaro (Jn
11,38-44)
"Jesús, otra vez muy conmovido, se acercó a la
tumba. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una
piedra. Jesús dijo: - Quiten la piedra. Marta la
hermana del muerto, le dijo: - Señor, ya debe oler mal,
porque hace cuatro días que murió. Jesús le contestó:
- No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?
Quitaron la piedra, y Jesús, mirando al cielo, dijo: -
Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé
que siempre me escuchas, pero lo digo por el bien de
esta gente que está aquí, para que crean que tú me
has enviado. Después de decir esto, gritó: - Lázaro,
sal de ahí! Y el muerto salió, con las manos y los
pies atados con vendas y la cara envuelta en un lienzo,
Jesús les dijo: -Desátenlo y déjenlo ir."
Los amigos de Jesús no mueren. El que cree en El no
muere, parece morir, pero es un sueño, su muerte no es
definitiva. Este es el sentido de este milagro que
culmina todos los milagros que Cristo hace. Milagros que
van desde algo material hasta la propia vida. Cristo
hace lo que dice ser: El es la resurrección y la vida,
y en Lázaro es la resurrección y la vida. El que no
cree no acepta la resurrección, más aun, quisiera
destruir la misma resurrección: los enemigos de Cristo
después de este milagro buscan cómo matar al Señor.
Sin embargo, la resurrección ahí está, es inexorable,
será para bien o para mal, de acuerdo a la fe que actúa
en las obras. Si se tiene esta fe actuante, la
resurrección será a la vida; si no, a la muerte
eterna. De nuevo todos estamos bajo el juicio de Dios y
el juicio es definitivo, el juicio de la fe en la
resurrección. Nosotros los cristianos somos para el
mundo actual los testigos de la resurrección. Este es
el sentido de que nuestra Iglesia es apostólica, esto
es, que nuestra Iglesia ha sido enviada para dar
testimonio de que la muerte ha sido y es vencida en la
resurrección del Señor, y uno de los testimonios
previos a la muerte de Cristo más fuertes es la
resurrección de Lázaro.
CONCLUSIÓN
Con la presentación de
este milagro, cerramos la presentación de la serie de
milagros que el Señor ha llevado a cabo en el ámbito
de la salud. Hemos elegido los más significativos,
primero de acuerdo a los evangelistas sinópticos, y
luego los signos que San Juan nos narra al respecto en
su Evangelio. Todo ello se ha pensado como una modesta
colaboración del Pontificio Consejo para la pastoral
de los profesionales de la salud a la evangelización
del mundo de la salud, vía INTERNET. Han sido pequeños
comentarios, que aspiran a ser prácticos para la
consideración, a veces demasiado veloz, de los usuarios
de internet. Ojalá sean de algún provecho. En todo
caso, cualquier comentario a ellos será bien recibido y
lo podrán enviar a la dirección electrónica del
Dicasterio:
opersanit@hlthwork.va
Muchas gracias!
+
Javier Lozano Barragán
Presidente del Pontificio Consejo
para la pastoral de los profesionales de la salud
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